¿Te tomarás ese café?

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“Despierta y huele el café”. Es un dicho que los ingleses emplean a menudo para alegrar los madrugones y, desde luego, resume a la perfección esa placentera sensación que produce disfrutar de un buen café -a ser posible, recién hecho- nada más levantarse.

El mundo es cafetero y, al parecer, disfrutar de esta bebida con moderación es un acto de lo más saludable. La principal cuestión que aparece ante nosotros con cada taza de café es otra: ¿estamos contribuyendo a fomentar la desigualdad y la pobreza a escala global? En un mundo en el cada gesto cuenta, elegir entre uno u otro tipo de café puede marcar la diferencia.

El café es un gran negocio. Se calcula que genera unos 71.000 millones de dólares cada año, según datos de la organización británica FairTrade. Sin embargo, al contrario que otros cultivos, la mayor parte de la producción -un 80%- proviene de pequeñas plantaciones, gestionadas por campesinos. En total, 125 millones de personas dependen del café para vivir y en muchos países, como Colombia o Etiopía (lugar de origen -dice la historia- de este fruto), es básico para la Economía.

Un producto en Uganda reciben 0,14 dólares por una cantidad de café que valdrá 42 en una cafetería europea

Hasta aquí, las grandes cifras. Sin embargo, si se pone la lupa, las desigualdades no tardan en aparecer. Un reciente estudio de nuestras admiradas Carro de Combate explica el rastreo que realizó la organización IAASTD de unas cuantas bayas de café de Uganda. Al productor le pagaron unos 0,14 dólares. Cuando salió de la fábrica, ya procesado, costaba dos dólares. Al llegar a Occidente, en concreto a Reino Unido, un consumidor lo compró por 25 dólares. Si quiso disfrutar de esa misma cantidad de café en una cafetería tuvo que pagar, tacita a tacita, 42 dólares. Es en la distribución, concluyen todos los expertos, donde el precio del café se dispara, generando beneficios de las grandes empresas detrás de su comercialización. Los nombres comerciales son conocidos por todos.

Los productores, mientras, no sólo obtienen una insignificante parte del pastel sino que además son los paganos del fluctuante precio del café, sujeto a la demanda, a las inclemencias climáticas pero, sobre todo, a la especulación del mercado. Es una cuestión de la naturaleza: las plantas del café tardan entre dos y cuatro años en empezar a dar frutos y, en ocasiones, la bajada de los precios impiden a los campesinos hacer frente a los costes.

Una solución, el comercio justo

café de comercio justo

Desde Fairtrade nos recuerdan que tenemos una solución al alcance de la mano: el café certificado como comercio justo. En la actualidad, la organización cifra que unos 660.000 productores optan por esta fórmula de producción que establece un precio mínimo garantizado para cubrir costes de producción y hacer frente a las especulaciones del mercado. Además,  reciben primas anuales para invertir en mejoras para la comunidad y el negocio. Están obligados a dedicar el 25% en aumentar la productividad y calidad de su café. 

café de comercio justo, premios al sabor

Quizá, por eso, los café de comercio justo obtuvieron en 2014 catorce premios al sabor. 

En la actualidad hay unos cuantos certificados de comercio justo y algunas conocidas cadenas cafeteras han comenzado a ‘verdear’ su imagen con este tipo de productos. Por eso, hay muchos que también han decidido poner la lupa en qué significa café comercio justo: más allá de sellos que avalan estas prácticas, que no cubren una parte significativa de la producción, también parece crucial que los valores éticos y sostenibles se incorporen (y de lleno) a las cadenas de suministro de las empresas. Queda mucho camino por andar.

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Me gano la vida escribiendo, o pidiendo a otros que lo hagan con mucha amabilidad y gracejo. Me gusta la sopa y que haga calor (pero no cambio climático)