Que no te den fresa por fresón

0
13551
fresa o fresón, esa es la cuestión
Fresa o fresón, esa es la cuestión

La mayor parte de las fresas que estamos disfrutando esta primavera son, en realidad, fresones. Y no, no son lo mismo. Es más, se parecen más bien poco. Explicamos sus diferencias para que no te den fresa por fresón.

1. Empecemos por la cuestión botánica. Tanto fresa como fresón forman parte de la familia de las Rosáceas y pertecen al mismo género, las Fragaria. Pero mientras que la fresa -fragaria vesca- es una fruta de origen silvestre muy habitual (en su momento) en los bosques europeos, el fresón (fragaria x ananssa) es un híbrido creado por botánicos en el siglo XVI a partir del cruce de otros dos tipos de fragaria norteamericanos.

2. La fresa silvestre es pequeña, más o menos del mismo tamaño que la punta de un pulgar. Su aspecto exterior es rojo pero dentro es más bien blanca y los expertos aseguran que su sabor es intenso. En cambio, el fresón puede llegar alcanzar un tamaño considerable, su forma es mucho más cónica, su interior es más rojizo y su sabor es algo más suave.

3. En ambos casos, se trata de frutas muy saludables. El fresón tiene mucha vitamina C y flavonoides aunque lo cierto es que, en este caso, la fama se la lleva la fresa, a la que incluso se le han atribuido propiedades medicinales. Cuentan que el mismísimo Linneo se curó de una gota a base de tés de fresa salvaje.

¿Por qué lo llaman fresas con nata cuando quieren decir fresón con nata?

Seguro que te ha pasado. Estos días, es más que habitual encontrar en bares, restaurantes (¡y también cocinas!) apetecibles copas de fresas con nata o con zumo de naranja. Sin embargo, en el 99% de casos, son fresones, salvo -claro- que estés en lugares como Aranjuez, donde los agricultores se esmeran en conservar el cultivo tradicional de fresas silvestre.

¿Qué se esconde en la nata?
¿Qué se esconde en la nata?

 

¿Por qué hay tanto fresón y tan poca fresa?

La Asociación de la Huerta de Aranjuez son bastante explícitos: “Durante los últimos años el cultivo de la fresa ha ido disminuyendo e includo tendido a desaparecer debido a la gran cantidad de mano de obra que necesita, a su delicadeza, a ser muy vulnerable a las heladas y a problemas graves de virosis lo que supone unas importantes limitaciones para el agricultor”.

Efectivamente, la fresa es muy estacional -bueno, de hecho antes todas las frutas lo eran- y también muy delicada. Que solo se pueda recoger en primavera y que se estropee tanto al ser transportada ha hecho que sea desplazada por variedades híbridas -los fresones- que se producen fácilmente durante todo el año y que ofrecen frutos más grandes y más firmes, lo cual permite que duren más y resistan mejor los viajes.

¿Todos los fresones son iguales?

En absoluto. Las variedades se cuentan por centenares aunque es probable que, en nuestros mercados, las posibilidades se reduzcan a unas veinte opciones. La estrella indiscutible es el fresón de Huelva (mejor dicho, de Palos) seguido del fresón del Maresme.

¿Cómo escoger?

La decisión no siempre es fácil. En primer lugar, y aunque parezca mentira, resulta complicado encontrar fresas silvestre, y eso que ahora estamos en temporada. Por otro lado, en el caso de los fresones, no siempre se indica la variedad exacta de fresón, que puede marcar bastante diferencia de sabor o textura.

En cualquier caso, los expertos son unánimes al recomendar escoger fresas y fresones maduros. Y no vale con dejar que maduren en la nevera porque ninguna de las dos madura fuera de la planta. Por eso, suele resultar mejor optar por fresas y fresones de proximidad, ya que al menos te garantizas que los frutos no han sido cortados antes de madurar para poder cruzar el océano y llegar a tiempo a tu plato. Otra buenísima opción es que las cultives tú mismo en el balcón de casa.

Otra ventaja de las fresas y fresones maduros: tienen más azúcares y, por tanto, son más dulces al paladar.

Otro consejo: compra solo fresas y fresones enteros. Esto es, que incluyan las hojitas verdes en su parte superior.

¿Cómo conservarlas?

Conviene mantenerlas en la nevera o en un lugar fresco, oscuro y ventilado. Evita, en la medida de lo posible, que estén muy juntas unas de otras. Así, se pueden conservar hasta seis días.

Límpialas con agua pero sin cortar el tallo ni las hojas ¡Y disfrútalas acto seguido!