Aquí se vende fruta fea

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Hubo un tiempo en que si un pepino se doblaba por encima de un gradiente de 1/10, no podías comprarlo. Aunque quisieras. Hasta 2013, la Unión Europea mantenía estrictos límites cosméticos para la verdura y la fruta que se podía comercializar. Un tomate no tenía que serlo, sino también parecerlo, por mucho que la naturaleza se empeñara en lo contrario. La medida provocaba toneladas de vegetales tirados a la basura -cifras en torno al 30%- o , lo que es lo mismo, un montón de comida desperdiciada. Afortunadamente, las cosas están cambiando. Derogada la ley, productores, consumidores o mercados locales y ecológicos han recuperado esta parte de la producción hasta ahora apartada. Aquí se vende fruta fea.


Mutato Project Tomate

La legislación comunitaria surgió en plena construcción del mercado común europeo para evitar que confusiones en el consumidor. Se determinaron medidas estéticas muy estrictas para 26 vegetales, desde el guisante a la alcachofa.La precisión era milimétrica. Por ejemplo, así tenía que ser un plátano: “el espesor de una sección transversal de la fruta entre las caras laterales y el centro, perpendicular al eje longitudinal, debe estar en un mínimo de 27 milímetros”.

La medida no sólo desperdiciaba mucha comida, sino que también subía el precio de los alimentos. Y, sobre todo, no tenía sentido. Por eso, desde 2013, los estándares se han suavizado y los consumidores podemos comprar esos tomates que saben y que son del todo menos una perfecta circunferencia. Eso sí, solo allí donde se ha decidido vender fruta fea.

La medida no sólo desperdiciaba mucha comida, sino que también subía el precio de los alimentos

A lo largo de toda Europa, se suceden casos de éxito relacionados con estos vegetales perfectamente imperfectos: cadenas de supermercados que ven crecen sus clientes ofreciendo estos productos a mejor precios, especies de tomates -como el heirloom o reliquia– reaparecen en nuestras neveras e incluso el arte defiende su belleza. Es el caso, por ejemplo , del libro Defective Carrot (zanahorias defectuosas), de Tim Smyth, una preciosa serie fotográfica que como dijo el crítico de Huffington Post, demuestra que la diferencia está llena de belleza.

 

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Quizá uno de los estudios científico-artísticos más conocidos es Mutatoes, del alemán Uli Westphal, que lleva años fotografiando las verduras y frutas feas que encuentra en Berlín, algo -a pesar de la relajación de la normas- que no es tan fácil como debería. Los vegetales de esta colección, en palabras de su autor, “despliegan una impresionante variedad de formas, colores y texturas que solo se revelan cuando los estándares comerciales dejan de existir. La ausencia de anomalías botánicas en nuestros supermercados ha convertido a los vegetales en productos monótonos y altamente diseñados. Se nos ha olvidado, y en muchos casos ni siquiera lo hemos experimentado, cómo son (y cómo saben) en realidad las frutas, las verduras y las raíces”.

 

Mutato colecction, en defensa de la fruta fea